lunes 8 de febrero de 2010

PROPUESTA DE IDEAS FUERZA PARA CAMBIAR EL ESCENARIO EN LA EDUCACIÓN ARTÍSTICA

Este texto es un conjunto de ideas extraídas de la Hoja de Ruta para la Educación Artística.
He buscado un diálogo entre los conceptos y propuestas de este documento y nuestra realidad y sus necesidades.

SU INTENCIÒN ES GENERAR UN CONSENSO Y FOMENTAR UNA ACTUACIÓN EN COMÚN ALREDEDOR DE UNA VISIÓN: EL PAPEL VITAL DE LA EDUCACIÓN ARTÍSTICA EN UNA EDUCACIÓN DE CALIDAD.

Logo de la Primera Conferencia Mundial de la Educación artística, 2006


Como reseña el portal de la UNESCO, la Hoja de Ruta surge de la “Conferencia Mundial sobre Educación Artística, Construir Capacidades creativas para el siglo 21”, llevada a cabo en Paris en marzo del 2006. Este evento reunió a más de 1200 participantes de 97 Estados Miembros, fue organizado por la UNESCO y el gobierno de Portugal con la participación de las más importantes ONG especializadas en Educación Artística.

Resumen:

La Hoja de Ruta afirma que "todos -cada uno de los peruanos y peruanas- tenemos un potencial creativo":

la imaginación, la creatividad y la innovación son cualidades que se encuentran presentes en todos los seres humanos y que pueden cultivarse y aplicarse”.

La educación artística "desarrolla competencias que no pueden adquirirse por otros medios", y:

- Al ser la expresión del cumplimiento de los derechos culturales sería un factor de paz.

- Al vincular procesos cognitivos y procesos emocionales fomentaría un comportamiento ético solido, base de la ciudadanía.

- Al desarrollar en las personas la capacidad de expresarse y evaluar críticamente el mundo que les rodea las prepararía para enfrentar mejor los retos de la sociedad del siglo XXI.

- Al ser una vía para desarrollar los recursos humanos se convertiría en un elemento estratégico en las políticas de desarrollo.

- Al llevar a cabo planes de estudio adaptados a la diversidad cultural despertaría el interés y entusiasmo en las personas que aprenden al mismo tiempo que expresaría el respeto y el compromiso con las comunidades y culturas locales.

Primera jornada de la Red Arte Educación Perú,
Centro Cultural de Bellas Artes, sábado 9 de enero.
Docentes que estudian, reflexionan y comparten experiencias para, entre otros objetivos,
revertir la marginalidad de la cultura y el arte en las escuelas.


“Todas las fuerzas de la sociedad deben colaborar para que las nuevas generaciones nacidas en este siglo cuenten con los conocimientos, las competencias y los valores y actitudes, los principios éticos y las orientaciones morales necesarios para convertirse en ciudadanos del mundo, responsables y garantes de un futuro sostenible”.
Hoja de Ruta de la Educación Artística, 2006

La educación artística esta subvalorada en las escuelas
Partiendo tanto de mi propia experiencia docente como de múltiples testimonios de colegas escuchados a lo largo de los años, puedo afirmar que la educación artística esta subvalorada en las escuelas. Existe, en el mejor de los casos, solo como la “hora de arte”, entendida como manualidades, o la manipulación de materiales, relacionadas a festividades como el día de la madre; con todo respeto por la madres, por supuesto, se cuán importante es esta festividad para amplias mayorías. Digo en el mejor de los casos porque la normalidad es que no exista el curso de arte, o peor, que esté a cargo de alguien que no es docente especializado y que solo ofrece modelos para copiar a sus alumnos.

La presencia del arte en la escuela solo como producciòn y manipulaciòn de materiales expresa una limitada visiòn de la potencialidad que tienen la cultura y el arte en la educaciòn integral.

¿Cómo revertir la subvaloración de la educación artística en la escuela?

Generando un consenso alrededor de principios, conceptos y propuestas que tengan la cualidad de convertirse en “ideas fuerza”, poderosas y articuladoras de nuestras voluntades e iniciativas para impulsar a la educación artística. Además, serian útiles también para diseñar una estrategia de incidencia política, con el objetivo de persuadir a los líderes y tomadores de decisión de diferentes niveles, ¡incluye también a padres y madres de familia!, de la importancia de la cultura y el arte en la educación.

La pobreza significa que amplias mayorías agotan sus energías síquicas en los esfuerzos diarios por la sobrevivencia. En el Perú hablar de Derechos Culturales implica evidenciar su dimensiòn política.

La educación artística es un derecho humano universal
De entrada, creo que una importante idea fuerza es la visión del papel vital de la educación artística en una educación de calidad, idea estrechamente vinculada a la afirmación: la educación artística es un derecho humano universal.
El derecho a la satisfacción de los derechos culturales es verdaderamente indispensable a la dignidad y al libre desarrollo de la personalidad de todos, como esta expresado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y, en la Constitución Política del Perú.
La satisfacción de los derechos culturales implica que todas las personas deben tener las mismas oportunidades para desarrollar su actividad cultural y artística… pero, oigan, podemos constatar cuan distante es para amplias mayorías el acceso democrático a los medios para la expresión y satisfacción de sus necesidades culturales y, también, cuan lejano esta el respeto y reconocimiento de sus prioridades e intereses culturales. Ejemplo, las escuelas de arte privilegian en el adiestramiento de los estudiantes el referente artístico europeo, para decirlo en simple: pintura al óleo, escultura en mármol, etc.; otro, los museos de arte excluyen el arte de los pueblos originarios, la etiqueta de artesanía que le colocan a sus expresiones culturales implica su subordinación y muchas veces invisibilizaciòn; ¿necesito decir que expresión cultural tiene espacios privilegiados en nuestra escasa prensa cultural?

El 1º de enero de 1976 apareció este Comunicado de la Asociación de
Artistas Plásticos del Perú.
Protestan porque se le otorgó el Premio Nacional de Cultura a Joaquín López Antay, supuestamente reservado a artistas, a un “artesano”.


Apropiarnos críticamente del valioso marco teórico que se ha venido construyendo desde la década del setenta –siglo pasado- es una importante tarea de la hora actual.

Quiero recordar la definición de Desarrollo Humano del PNUD PERÚ:
El desarrollo humano es un proceso de expansión de las libertades reales de que disfrutan los individuos y que se traduce en la libertad general que deberían tener los individuos para vivir como les gustaría

Es que me parece importante, por un lado, recordar que la idea de desarrollo tiene que ver con esta posibilidad de “vivir como nos gustaría”; el desarrollo no se mide solo cuantitativamente, en frías cifras macroeconómicas, tiene que ver con las dimensiones de la vida asociadas al despliegue de potencialidades y la felicidad; y, por otro lado, reconocer que esta definición del PNUD es parte de un valioso marco teórico que tenemos que estudiarlo y apropiárnoslo críticamente, entre ellos la Convención de la Diversidad Cultural (UNESCO, 2005) y los Informes Mundiales del PNUD como el de “Nuestra diversidad creativa” (1998) o la “Libertad cultural en un mundo diverso hoy"(2004) ; entre otros múltiples aportes de la reflexión y el debate especializado.

La Hoja de Ruta nos dice que la educación artística tiene tres dimensiones en las que el alumno adquiere conocimiento: 1) mediante la interacción con un objeto o representación artísticos, con un artista y con su profesor; 2) mediante su propia práctica artística; y 3) mediante la investigación y el estudio (de una forma de arte y de la relación entre arte e historia). En las fotos, la Pre Bellas Artes viene trabajando con sus alumnos la producción, la apreciación y la contextualización y en su metodológica la “carpeta de investigación” tiene un importante lugar. (Fotos cortesía Pre Bellas Artes y Vladimir Ramos)

La educación artística desarrolla competencias que no pueden adquirirse por otros medios
Dentro de esta línea de argumentación que vincula la educación artística a los derechos culturales, la Hoja de Ruta señala con claridad que la cultura y las artes son componentes básicos de una educación integral, aquella que debe permitir a los individuos desarrollarse plenamente; siendo un requisito para participar en la vida cultural: COMPRENDER-APRECIAR-EXPERIMENTAR el arte. Con la experimentación, el desarrollo de la apreciación y el conocimiento de las artes, ¡adquirimos perspectivas únicas sobre una amplia variedad de temas que no pueden adquirirse por otros medios educativos! Esta es una importante idea para la fundamentación de la necesidad de la educación artística.

La educación artística como factor de paz
La realidad cotidiana de nuestro país es una realidad tensa. Los noticieros diarios dan cuenta de múltiples síntomas de la violencia y el desprecio por la vida: feminicidios, negligencias médicas, accidentes en carreteras, desastres naturales y falta de prevención, entre otros. El no cumplimiento de los derechos culturales puede sumar más violencia a nuestra complicada realidad nacional post conflicto. “Las violaciones de los derechos culturales provocan tensiones y conflictos de identidad que son unas de las causas principales de la violencia, de las guerras y del terrorismo”, anota -¿advierte?- la Declaración de Friburgo sobre los Derechos Culturales (2007).
Lograr darle a la educación artística un rol central en la escuela, en verdad en toda la educación formal y no formal, es favorecer la convivencia. La presencia de la cultura y el arte en las escuelas favorece la regeneración del tejido social, ¡la cultura genera cohesión social y es un factor de paz!, esto, como nos dice la Hoja de Ruta, en la medida que las expresiones artísticas exploran sobre aspectos de la existencia y la coexistencia y nos hacen sensible al hecho de que cada cultura desarrolla medios a través de los cuales comparte y comunica los conocimientos adquiridos en su intento de comprender el mundo.

Cada uno de los peruanos y peruanas tienen un potencial creativo
La Hoja de Ruta afirma: todos tenemos un potencial creativo y, además, nos dice: la imaginación, la creatividad y la innovación son cualidades que se encuentran presentes en todos los seres humanos y que pueden cultivarse y aplicarse.
La educación artística fomenta el desarrollo emocional al vincular procesos cognitivos y procesos emocionales. ¿Por qué es esto relevante? porque la participación emocional es necesaria para que una persona tenga un comportamiento ético solido, base de la ciudadanía. Esto se debe a que los procesos emocionales: a) son parte del proceso de toma de decisiones, b) funcionan como vectores de acciones e ideas, c) sientan las bases de la reflexión y la opinión.

Vivimos en un mundo globalizado donde la informaciòn vía las nuevas tenologías circula a intensa velocidad. Este es el contexto en el que todos debemos desarrollar habilidades para enfrentar la dinámica de un mundo que cambia aceleradamente.

Formar trabajadores críticos y creativos que impulsen el desarrollo sostenible
Está demostrado que la educación artística desarrolla en las personas la capacidad de expresarse y evaluar críticamente el mundo que les rodea. Estas habilidades nos permiten enfrentar mejor los retos de la sociedad del siglo XXI, en la que se requiere que los trabajadores sean creativos, flexibles, adaptables, e innovadores. La cultura se convierte en un elemento estratégico en las políticas de desarrollo porque es una vía para desarrollar los recursos humanos que requerimos como país tanto para explotar nuestro valioso capital cultural como para desarrollar industrias e iniciativas culturales fuertes, creativas y sostenibles. Recordemos que erradicar la pobreza pasa primero por enfrentar con éxito el desafío de construir sociedades inclusivas y diversas en términos culturales. La industria cultural tiene un papel clave que desempeñar en el desarrollo socioeconómico del Perú.


"El 75% de los muertos fueron quechuahablantes",
Comisión de la Verdad y la Reconciliación

El reconocimiento y la valoración de la diversidad cultural en la educación artística.
En nuestro país el reconocimiento y la valoración de la diversidad cultural aún es una tarea pendiente. Recordemos que la noción de Estado Nación vino acompañada de la idea de una lengua y una cultura, la homogenización cultural que impuso sobre la diversidad cultural -500 años de opresión- fue un proceso de colonización interna. Nelson Manrique en "Democracia y Naciòn, la promesa pendiente" (2006), desarrolla el relato de cómo desde sus inicios la República peruana se construyó sobre un conjunto de exclusiones, económicas, sociales y culturales.

Cuando la CONVENCIÓN DE LA DIVERSIDAD (UNESCO, 2005) nos dice: "La cultura adquiere formas diversas a través del tiempo y el espacio", hace referencia, por oposición, a las teorías seudocientíficas de raza: la creencia en la existencia de razas genéticamente superiores (piel blanca) y razas genéticamente inferiores (piel oscura). Esta frase de la Convención resume la afirmación de la DECLARACIÓN SOBRE LA RAZA Y LOS PREJUICIOS RACIALES (UNESCO, 1978): “Las diferencias entre las realizaciones de los diferentes pueblos se explican enteramente por factores geográficos, históricos, políticos, económicos, sociales y culturales. Estas diferencias no pueden en ningún caso servir de pretexto a cualquier clasificación jerarquizada de las naciones y los pueblos”.

Repito: en el Perú el reconocimiento y la valoración de la diversidad cultural aún es una tarea pendiente. La educación artística debe reconocer explícitamente que “cada cultura tiene sus propias prácticas culturales y expresiones artísticas específicas”, y, también, que, a lo largo de la historia, se han ido asignando nombres a los distintos tipos de expresión artística, teniendo presente que, aunque términos como danza, música, teatro o poesía se utilizan en todo el mundo, su significado profundo varia de una cultura a otra.

Segunda jornada de capacitación de la Red Arte Educación Perú,
sábado 6 de febrero, Escuela de Bellas Artes.
Oportunidad en la que presenté las ideas que expongo en este texto, ahi dije que me involucro emocionalmente con mis ideas porque creo que la subordinaciòn de la diversidad es similar a ver que un ser humano esta siendo maltratado, y, no hacer nada o ser indiferente significa dejar que la persona sufra; por otro lado, actuarimplica señalar responsables en las instituciones que permiten que la opresión continue.


El reconocimiento de la diversidad cultural en la educación artística implica el diseño de planes de estudio con enfoque intercultural, adaptados a los entornos y que, de esta manera, no solo despierten el interés y entusiasmo en las personas que aprenden sino expresen el respeto y el compromiso con las comunidades y culturas locales.


La Hoja de Ruta es mucho más rica en contenidos que la breve síntesis expuesta. Las ideas seleccionadas buscan ser insumo para la reflexión y el indispensable debate para llegar a un consenso alrededor de ideas-fuerza articuladoras de una estrategia común que nos permita lograr que la educación artística se convierta en una parte obligatoria de los programas educativos.

Herbert Rodríguez

lunes 1 de febrero de 2010

¡Ay!, el etnocentrismo


Me gusta ejemplificar el "etnocentrismo" con esta imagen de Tarzán, el rey de la selva, porque me parece que evidencia la creencia en la superioridad del hombre blanco de manera casi insultante... ahí, el continente africano ha sido cuna de Lucy hace más dos millones de años -¿podemos imaginar esta cifra y lo que significa?- y los africanos lo han habitado desde siempre, pero, debe llegar un niño blanco y ya de adulto puede hablar con los animales y ejercer domino sobre ellos: da un alarido y los tiene alineados a todos en un instante.

En síntesis el etnocentrismo es el sentimiento de superioridad por el orgullo de los logros culturales o sociales. Todos tenemos tendencias etnocentristas pues implica la inclinación a preferir personas y cosas con las que nos identificamos, lo que conocemos y sentimos cercano; es nuestra tendencia, también, a ver los asuntos internacionales, lo extranjero, desde el punto de vista de nuestra propia sociedad o nación; y , desde esta síntesis, junto con lo anterior es la tendencia a desvalorizar lo diferente o dar menos valor a las personas y costumbres de otras sociedades.

Si, como anoté, todos tenemos tendencias etnocentristas, entonces, ¿cuál es el problema? bueno, uno complicado. Preferir lo cercano y conocido puede, a veces, terminar siendo racismo: la deshumanización del diferente.

El Holocausto


Usain Bolt arrasó con las medallas en pruebas de velocidad (Beijín, 2008) Jesse Owens hizo algo similar en las olimpiadas de Berlín, en 1936, delante de las narices de Hitler. Claro, éste se negó a entregárselas.

El racismo se apoya en teorías seudocientíficas de raza. Se trata del sentimiento de superioridad basado en supuestas características inherentes: se nace inteligente (y blanco/rubio) o se nace bruto (los de color de piel oscura). Asociado a esta idea de superioridad genética esta la creencia de que el diferente es naturalmente inferior o infrahumano. Fue el siglo XIX, cuando los científicos intentaron clasificar la especie humana en tipos raciales, describiendo a los negros como un tipo distinto e inferior.

Mengele y sus crueles experimentos eugenésicos con gemelos judíos

La eugenesia se asocia con el racismo, pues, desde el principio, el estudio de la herencia buscando el perfeccionamiento de las cualidades de la raza humana estaba estrechamente asociado con un sentimiento de superioridad blanca.

Francisco García Calderón, "ideólogo conservador de inicios del siglo XX, consideraba a los indios como una raza inferior y de gran pobreza intelectual”


MVLL etnocentrista y eurocentrista a carta cabal

En “¿Qué es cultura (III)?” y, analizando el texto del discurso de Mario Vargas Llosa “Breve discurso sobre la cultura”, señalaba que su afirmación: “para todo el mundo regia el mismo sistema de valores” lindaba con la filosofía de Pinki y Cerebro, esa obsesiva idea de ¡dominar el mundo! del personaje caricaturesco Cerebro. Expresión de una desbordante vocación totalitaria y universalista, algo así como: “yo determino lo que es importante y valioso y los que no alcanzan mi nivel son ignorantes”, es decir Cerebro-Vargas Llosa.

Cuando el escritor menciona Grecia-Roma-Renacimiento-Ilustración, es decir el pensamiento occidental, lo universaliza, lo convierte en esta afirmacon: "todo el mundo compartía LA MISMA IDEA".
No pues, tamaña egolatría de MVLL, ese sentirse el centro del mundo y el resto: ignorantes.
Los que comparten la racionalidad holística y los saberes tradicionales –la vertiente de conocimiento no occidental- ¿qué serian? ¿“salvajes, paleolíticos y primitivos”, como expresó Andrés Bedoya Ugarteche en su internacionalmente premiado artículo más racista del año 2009? (A. Bedoya U., "¡Pobrecitos chunchos! y otras torpezas”, 13 de Junio del 2009, diario Correo).

Don MVLL es hijo de su tiempo: la modernidad. Una cita de Efland creo que es útil para entender este punto: “ la idea de progreso guarda estrecha relación con la idea afín de que el avance cultural es obra de una élite artística e intelectual, una vanguardia productiva de nuevas formas sociales o estilos de vida, así como de nuevas formas de arte”. Aquí hay una idea crucial: la idea de progreso, o el desarrollo lineal de lo primitivo a lo civilizado. En realidad ya es una idea bastante extendida de que, en vista de la agenda global de problemas -entre otros temas, el calentamiento global, la agudización de la brecha ricos/pobres, desempleo, corrupción, etc.- - la noción de progreso es una ingenuidad del pasado.
Pero que esta idea sea ingenua no quiere decir que no sea peligrosa… MVLL puede opinar lo que dé la gana, lo que no es posible dejar pasar es la consecuencia final de su creencia: naturalizar la subordinación cultural.
A MVLL lo acompaña la institucionalidad artística –historia, museos, galerías de arte, prensa cultural, escuela de arte-, plenamente comprometida en la “conspiración” de naturalizar –hacerla pasa como normal- la subordinación cultural.
Contradictorio que el mencionado escritor este al frente del Museo de la Memoria, ¿con una mano hace algo y con la otra mano una cosa opuesta?...
Pero ya voy abriendo otro tema que me interesa darle su propio desarrollo: el museo –el MALI, por ejemplo-, la historia del arte –los jóvenes estudiando en el Departamento Académico de Arte de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional mayor San Marcos y, por supuesto, sus maestros(as)-, la prensa cultural y sus periodistas – ¿Quique Planas?-, la galería de arte comercial– ¿Lucía de la Puente?-, la escuela de arte –la FAPUC-, las instituciones y sus personas que las conforman están, aquí en Lima, cercanas a nosotros, y no parecen malas personas, todo lo contrario, uno puede percibir en ellas y ellos calidez. Sin embargo, al igual que el escritor comparten creencias que terminan siendo racistas en los hechos. Sobre esto, repito me extenderé en siguiente entrega.

Para terminar recordemos que:

El racismo es una forma extrema de etnocentrismo.
El racismo mata, y como dice la Carta Cultural Iberoamericana de Montevideo (2006), nos corresponde “admitir la persistencia del racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia en nuestras sociedades y reafirmar la necesidad de combatirlo”.

Herbert Rodríguez

domingo 31 de enero de 2010

¿QUE ES CULTURA? (III)


La cultura debe ser considerada como el conjunto de los rasgos distintivos espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o a un grupo social y que abarca, además de las artes y las letras, los modos de vida, las maneras de vivir juntos, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias. UNESCO, 2001

Al inicio de esta serie de escritos sobre ¿Qué es cultura? decía, que, como país, carecemos de una noción de cultura compartida que nos permita producir e interpretar acontecimientos y hechos de la misma manera. Además, he expuesto mi visión critica sobre una noción de cultura reduccionista, que solo incluye al mundo de lo letrado y las bellas artes o al patrimonio como un visión historicista. En "Etimología y evolución del término cultura" señalaba que, en la evolución del término cultura en el tiempo y con el aporte de la antropología cultural, ahora tenemos una noción relativista de lo que es cultura, esto significa reconocer que no hay culturas superiores ni culturas inferiores. Ahora, la definición de cultura de la UNESCO es una valiosa puerta de acceso a una visión de cultura inclusiva de la diversidad, esa diversidad que es el patrimonio común de la humanidad.


La cultura es un TODO complejo donde cada una de sus partes esta interrelacionada.


Ademàs de las artes y letras la cultura abarca: los modos de vida, las maneras de vivir juntos, los sistemas de valores, las tradiciones y creencias.



¿Puede existir una sola manera de vivir juntos? He querido hacer una búsqueda de algunas expresiones culturales: el Bon Odori, fiesta tradicional budista de los farolillos para honrar a los antepasados; el Ojigi, la reverencia para saludar, agradecer o mostrar humildad y respeto; nuestro “shake-hands”, al cerrar un negocio; la fiesta de la cerveza: el Oktoberfest; el Día de Muertos y la calaveras de azúcar mejicanas que coincide con la celebración católica de Todos los Santos; los Mara, la pandilla como una forma de vida; la familia real de Holanda o una familia amazónica; los Emo, vestidos de negro, con sus ojos maquillados, los flequillos en el ojo y la mirada triste; los Floggers , la subida de fotos a Internet en búsqueda de la popularidad; las Geishas, como profesionales del entretenimiento; el Candomblé y el culto de los orixás de la bahianas; el Michin, pez rojo en náhuatl, parte de un desfile de Alebrijes monumentales en México; una boda tradicional en la India y el Mehndi , la piel de la novia ornamentada con henna…

¿Cómo es la manera de vivir juntos de cada cultura? ¿Cuál su modo de vida, cuál su sistema de valores, cómo las tradiciones y creencias se relacionan con todo lo anterior? El breve listado presentado es un ejemplo de la inmensa riqueza cultural en su diversidad y de las visiones de mundo que involucran.

La afirmación "no hay culturas superiores ni inferiores" nos exige estar atentos a nuestra tendencia etnocentrista de universalizar a partir de lo propio. Nos exige, partiendo de la humildad, aprender a flexibilizar nuestro propio punto de vista sin caer en el "todo vale"..., y para esto último debemos reconocer que, para opinar sobre una cultura distinta a la propia, primero tenemos que conocerla; informarnos primero antes de opinar, así de simple.

Pinky:- Cerebro, ¿qué vamos a hacer esta noche?

Cerebro:-Lo mismo que hacemos todas las noches, Pinky. ¡Tratar de conquistar el mundo!


SOBRE LAS ANGUSTIAS UNIVERSALISTAS

La angustia de Vargas Llosa al respecto de que, en relaciòn a la idea de cultura, existe el peligro de no poder distinguir aquello relevante o importante de lo “vulgar”, parte, en principio de un error, sino soberbia, etnocentrista. Dice él: “A lo largo de la historia, la noción de cultura ha tenido distintos significados y matices en Grecia, en Roma, en el Renacimiento y en la Ilustración… a pesar de variantes y hasta nuestra época, cultura siempre significó: reivindicación de un patrimonio de ideas, valores y obras de arte, de unos conocimientos históricos, religiosos, filosóficos y científicos en constante evolución y el fomento de la exploración de nuevas formas artísticas y literarias y de la investigación en todos los campos del saber. La cultura estableció siempre rangos sociales entre quienes la cultivaban, la enriquecían con aportes diversos, la hacían progresar y quienes se desentendían de ella, la despreciaban o ignoraban, o eran excluidas de ella por razones sociales y económicas. En todas las épocas históricas, hasta la nuestra, en una sociedad había personas cultas e incultas, y, entre ambos extremos, personas más o menos cultas o más o menos incultas, y esta clasificación resultaba bastante clara para el mundo entero porque para todos regía un mismo sistema de valores, criterios culturales y maneras de pensar, juzgar y comportarse".

El pensamiento simplista vargasllosiano es evidente, y particularmente a mi me resulta tedioso desarrollar ideas alrededor de algo tan evidentemente autocentrado y arbitrario… A ver: ya, lo de siempre, Grecia-Roma-Renacimiento-Ilustración… Y China o Japón o ¿nosotros?… (Hagan su propia lista de las culturas excluidas) Esta afirmación que linda con la filosofía de Pinki y Cerebro (dominar el mundo): “para todo el mundo regia el mismo sistema de valores”… es decir, el suyo.

Debo decirlo, un escritor de éxito que lo es porque usufructúa su distinción a partir de que se le reconoce el merito particular de ser expresión sobresaliente del mundo de lo letrado… Para mantener esa distinción debe existir una separación categórica con lo inferior y vulgar, determinado por él mismo, y, claro, por el sistema de valores al que pertenece…


Entonces, estar atentos: ¡la imposición de un canon arguyendo que es superior/mejor es mera expresión de incapacidad de descentrarse!, de reconocer como igual al diferente. Y, cierto, una idea clave es conocer antes de opinar pero, además, juzgar lo diferente haciendo el esfuerzo de la empatía, de ponerse en el lugar del otro, que no es otra cosa que algo ya mencionado: para juzgar a una cultura hay que hacerlo desde su propio sistema de valores.

¿Debemos respetar a los maras o a una cultura de la pandilla? ¿Todo vale?

La respuesta a esto será otra entrega, mientras revisen algo sobre el sentido negativo del relativismo cultural.
Pueden darle también una lectura al Informe sobre Desarrollo Humano 2004: “La libertad cultural en el mundo diverso de hoy”.


Herbert Rodrìguez

miércoles 27 de enero de 2010

Etimología y evolución del término “cultura”, un poco de bibliografía


El término cultura proviene del latín cultus que inicialmente significaba cultivar.


En "¿Qué es cultura?" (II) anoté los siguentes sentidos comunes sobre "cultura": la idea de cultura como educación, como privilegio de una élite y la cultura como patrimonio histórico.

A ver serian, entonces, los "bien educados" y de ahí la broma de Mario Moreno Cantinflas, quien, ante una falla de urbanidad exclamaba: ¡qué falta de agricultura!, va una idea. Luego, el sentido común de cultura como privilegio de una minoría culta, que lo es porque se apropia de los productos culturales más sofisticados, aquellos que son parte de la cartelera cultural: las obras de teatro que presenta el Británico, una exposición de pintura de Tola, la novela y poesìa, etc., ¿Cuántos siguen esta cartelera cultural y, además de seguirla como espectadores, también son o artistas o intelectuales creadores?... eso, solo M. V. Ll. y sus amigos. La última idea que anotaba como sentido común era la que lo asociaba a productos culturales valiosos para una nación: el patrimonio histórico… como digo Machu Picchu y demás similares: nada que ver con reconocer valor al arte actual de los pueblos originarios, estos son ninguneados por la institucionalidad artística; el pasado vale, el presente no.

En el texto extraído de un diccionario de filosofía se puede apreciar el recorrido de la noción de cultura en el tiempo y creo que un lector atento podrá llegar a la misma conclusión que yo llegué cuando leí el texto: los tres sentidos comunes mencionados son un sedimento que queda en el imaginario colectivo de ideas de cultura que tuvieron en algún momento vigencia. Tan claro y evidente es esto que el recorrido de la evolución del término cultura acaba con un noción relativista, si ¡no hay culturas superiores ni culturas inferiores!.

Cultus significaba, también, el estado de un campo cultivado.


El sustantivo cultus adquirió el significado de cuidado al relacionarse con el constante esfuerzo que precisa el cultivo de un campo. Y pasó a significar culto en el sentido religioso (por el cuidado o culto constante de los dioses realizado por los sacerdotes).



Por otra parte, pasó a considerarse culto todo ser humano que cultivase su espíritu. El hombre inculto sería como un campo sin cultivar, mientras que el hombre culto sería aquél que tendría cuidado de su espíritu.



A ello se añade la dimensión social de la cultura, que cristaliza en la noción de «bienes culturales» o de «cultura material», y que presupone una acción colectiva, es decir, la colaboración de muchos en la comunidad humana.



Etimología y evolución del término «cultura»

El término cultura proviene del latín cultus, forma de supino del verbo colere, que inicialmente significaba «cultivar». Así, los términos agricultura, piscicultura, o viticultura, por ejemplo, significan cultivo del campo, cultivo de peces o cultivo de la vid. A su vez, cultus significaba el estado de un campo cultivado. En tanto que el cultivo de un campo precisa de un constante esfuerzo, el sustantivo cultus adquirió, por una parte, el significado de «cuidado» y pasó a significar «culto» en el sentido religioso (por el «cuidado» o «culto» constante de los dioses realizado por los sacerdotes) y, por otra parte, pasó a considerarse «culto» todo ser humano que «cultivase» su espíritu. En este segundo sentido, se seguía la metáfora, ya existente en la Grecia de la época sofista, consistente en considerar el espíritu como un campo. El hombre «inculto» sería, pues, como un campo sin cultivar, mientras que el hombre «culto» sería aquél que tendría cuidado de su espíritu. En este sentido, el término cultura se entiende aplicado al ámbito del individuo, y en este ámbito mantiene una cierta relación con el término griego paideia. A partir de los siglos XVII y XVIII el término se amplía, entendiéndose por cultura aquello que el hombre añade a la naturaleza, sea en sí mismo (cultivo de su espíritu), sea en otros objetos, tales como utensilios, herramientas, procesos técnicos, etc., (de donde surge la idea de «bienes culturales» o de «cultura material»), de manera que la cultura se entiende como la intervención consciente del hombre frente a la naturaleza. Esta ampliación se efectúa, especialmente, durante la Ilustración y Kant la define como «la producción en un ser racional de la capacidad de escoger sus propios fines» (Crítica del juicio, § 83), en el sentido de otorgar «fines superiores a los que puede proporcionar la naturaleza misma». Por otra parte, en cuanto que la posibilidad de la cultura presupone un cierto otium y exige la cobertura de las necesidades vitales más elementales, en ciertos ámbitos, la noción de «cultura» pasó a ser sinónimo de actividad propia de las clases sociales adineradas: lectura de libros «cultos», audiciones musicales, actividades artísticas, etc. Finalmente, en Alemania el término Kultur adopta el carácter de acentuación de las características, particularidades y virtudes de una nación, lo que emparenta esta noción con la de tradición (que procede del latín tradere, transmisión, y que recalca la necesidad de transmisión para que pueda existir la cultura), mientras que en Francia y Gran Bretaña se prefería, en este sentido, el término «civilización». Así, pues, repasando la evolución de este término podemos ver distintos estadios del mismo: 1) inicialmente se entendía como el cultivo del espíritu en un sentido individual; 2) posteriormente, especialmente a partir del s. XVII, se confronta la cultura con la natura (la noción antigua de cultura como cultivo del espíritu no tiene por qué contraponer cultura a naturaleza) y se añade el aspecto de actividad consciente, con lo que el término cultura se asocia solamente a la actividad humana; 3) a ello se añade la dimensión social de la cultura, que cristaliza en la noción de «bienes culturales» o de «cultura material», y que presupone una acción colectiva, es decir, la colaboración de muchos en la comunidad humana; 4) por último se asocia, aún de manera elitista, a una situación social privilegiada. Además, se crea la confrontación con el término civilización y se relaciona con el término tradición. 5) Todo ello queda superado por la noción actual de cultura tal como ha sido formulada, en general, desde la antropología y, en especial, desde la antropología cultural.

Definiciones de cultura desde al ámbito de la antropología cultural
Fue Edward Burnett Tylor (1833-1917) quien dio, en 1871, una primera definición de «cultura» que puede considerarse como clásica: cultura es «toda esa compleja totalidad que incluye el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, las costumbres, hábitos y capacidades cualesquiera adquiridos por el hombre como miembro de una sociedad». De esta manera, la cultura se refiere a todos los conocimientos, capacidades, hábitos y técnicas adquiridos o heredados socialmente, es decir, no heredados biológicamente. Esta definición, más bien descriptiva, hecha desde la perspectiva de una teoría evolucionista, considera cultura todo aquello que es producido en sociedad, y tiende a considerar la cultura como un todo continuo, consideración en la que le sigue Leslie White. En general, todos los antropólogos aceptaron esta definición de cultura.

Diccionario de filosofía en CD-ROM. Copyright © 1996. Empresa Editorial Herder S.A., Barcelona. Todos los derechos reservados. ISBN 84-254-1991-3. Autores: Jordi Cortés Morató y Antoni Martínez Riu.

lunes 25 de enero de 2010

DEBATE ALREDEDOR DE LA IDEA DE CULTURA

La (C)ultura

BREVE DISCURSO SOBRE LA CULTURA

Por Mario VARGAS LLOSA


Excelentísimo y Magnífico señor Rector
Ilustrísimas autoridades
Señores miembros de la Comunidad Universitaria
Señoras y señores
Queridos amigos

Me siento muy agradecido a la Universidad de Granada por honrarme concediéndome este doctorado honoris causa, y, muy especialmente, a mi querido amigo D. Blas Gil Extremera, quien, creo, ha sido el instigador principal de esta conspiración fraterna de la que soy beneficiario. Sé muy bien que ser incorporado, de manera simbólica, al claustro de profesores de esta institución es tanto un reconocimiento como un mandato de rigor y honestidad. Ni qué decir qué haré cuanto esté a mi alcance para no defraudarlos. A lo largo de la historia, la noción de cultura ha tenido distintos significados y matices. Durante muchos siglos fue un concepto inseparable de la religión y del conocimiento teológico, en Grecia estuvo marcado por la filosofía y en Roma por el Derecho, en tanto que en el Renacimiento lo impregnaban sobre todo la literatura y las artes. En épocas más recientes como la Ilustración fueron la ciencia y los grandes descubrimientos científicos los que dieron el sesgo principal a la idea de cultura. Pero, a pesar de esas variantes y hasta nuestra época, cultura siempre significó una suma de factores y disciplinas que, según un amplio consenso social, la constituían y ella implicaba: la reivindicación de un patrimonio de ideas, valores y obras de arte, de unos conocimientos históricos, religiosos, filosóficos y científicos en constante evolución y el fomento de la exploración de nuevas formas artísticas y literarias y de la investigación en todos los campos del saber. La cultura estableció siempre unos rangos sociales entre quienes la cultivaban, la enriquecían con aportes diversos, la hacían progresar y quienes se desentendían de ella, la despreciaban o ignoraban, o eran excluidas de ella por razones sociales y económicas. En todas las épocas históricas, hasta la nuestra, en una sociedad había personas cultas e incultas, y, entre ambos extremos, personas más o menos cultas o más o menos incultas, y esta clasificación resultaba bastante clara para el mundo entero porque para todos regía un mismo sistema de valores, criterios culturales y maneras de pensar, juzgar y comportarse. En nuestro tiempo todo aquello ha cambiado. La noción de cultura se extendió tanto que, aunque nadie se atrevería a reconocerlo de manera explícita, se ha esfumado. Se volvió un fantasma inaprensible, multitudinario y traslativo. Porque ya nadie es culto si todos creen serlo o si el contenido de lo que llamamos cultura ha sido depravado de tal modo que todos puedan justificadamente creer que lo son. La más remota señal de este proceso de progresivo empastelamiento y confusión de lo que representa una cultura la dieron los antropólogos, inspirados, con la mejor buena fe del mundo, en una voluntad de respeto y comprensión de las sociedades más primitivas que estudiaban. Ellos establecieron que cultura era la suma de creencias, conocimientos, lenguajes, costumbres, atuendos, usos, sistemas de parentesco y, en resumen, todo aquello que un pueblo dice, hace, teme o adora. Esta definición no se limitaba a establecer un método para explorar la especificidad de un conglomeradohumano en relación con los demás. Quería también, de entrada, abjurar del etnocentrismo prejuicioso y racista del que Occidente nunca se ha cansado de acusarse. El propósito no podía ser más generoso, pero, ya sabemos, por el famoso dicho, que el infierno está empedrado de buenas intenciones. Porque una cosa es creer que todas las culturas merecen consideración ya que, sin duda, en todas hay aportes positivos a la civilización humana, y otra, muy distinta, creer que todas ellas, por el mero hecho de existir, se equivalen. Y es esto último lo que asombrosamente ha llegado a ocurrir en razón de un prejuicio monumental suscitado por el deseo bienhechor de abolir de una vez y para siempre todos los prejuicios en materia de cultura. La corrección política ha terminado por convencernos de que es arrogante, dogmático, colonialista y hasta racista hablar de culturas superiores e inferiores y hasta de culturas modernas y primitivas. Según esta arcangélica concepción, todas las culturas, a su modo y en su circunstancia, son iguales, expresiones equivalentes de la maravillosa diversidad humana. Si etnólogos y antropólogos establecieron esta igualación horizontal de las culturas, diluyendo hasta la invisibilidad la acepción clásica del vocablo, los sociólogos por su parte –o, mejor dicho, los sociólogos empeñados en hacer crítica literaria- han llevado a cabo una revolución semántica parecida, incorporando a la idea de cultura, como parte integral de ella, a la incultura, disfrazada con el nombre de cultura popular, una forma de cultura menos refinada, artificiosa y pretenciosa que la otra, pero mucho más libre, genuina, crítica, representativa y audaz. Diré inmediatamente que en este proceso de socavamiento de la idea tradicional de cultura han surgido libros tan sugestivos y brillantes como el que Mijail Bajtín dedicó a “La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento. El contexto de François Rabelais” en el que contrasta, con sutiles razonamientos y sabrosos ejemplos, lo que llama “cultura popular”, que, según el crítico ruso, es una suerte de contrapunto a la cultura oficial y aristocrática, la que se conserva y brota en los salones, palacios, conventos y bibliotecas, en tanto que la popular nace y vive en la calle, la taberna, la fiesta, el carnaval y en la que aquella es satirizada con réplicas que, por ejemplo, desnudan y exageran lo que la cultura oficial oculta y censura como el “abajo humano”, es decir, el sexo, las funciones excrementales, la grosería y oponen el rijoso “mal gusto” al supuesto “buen gusto” de las clases dominantes. No hay que confundir la clasificación hecha por Bajtín y otros críticos literarios de estirpe sociológica –cultura oficial y cultura popular- con aquella división que desde hace mucho existe en el mundo anglosajón, entre la “high brow culture” y la “low brow culture”: la cultura de la ceja levantada y la de la ceja alicaída. Pues en este último caso estamos siempre dentro de la acepción clásica de la cultura y lo que distingue a una de otra es el grado de facilidad o dificultad que ofrece al lector, oyente, espectador y simple cultor el hecho cultural. Un poeta como T. S. Eliot y un novelista como James Joyce pertenecen a la cultura de la ceja levantada en tanto que los cuentos y novelas de Ernest Heminway o los poemas de Walt Whitman a la de la ceja alicaída pues resultan accesibles a los lectores comunes y corrientes. En ambos casos estamos siempre dentro del dominio de la literatura a secas, sin adjetivos. Bajtín y sus seguidores (conscientes o inconscientes) hicieron algo mucho más radical: abolieron las fronteras entre cultura e incultura y dieron a lo inculto una dignidad relevante, asegurando que lo que podía haber en este discriminado ámbito de impericia, chabacanería y dejadez estaba compensado largamente por su vitalidad, humorismo, y la manera desenfadada y auténtica con que representaba las experiencias humanas más compartidas. De este modo han ido desapareciendo de nuestro vocabulario, ahuyentados por el miedo a incurrir en la incorrección política, los límites que mantenían separadas a la cultura de la incultura, a los seres cultos de los incultos. Hoy ya nadie es inculto o, mejor dicho, todos somos cultos. Basta abrir un periódico o una revista para encontrar, en los artículos de comentaristas y gacetilleros, innumerables referencias a la miríada de manifestaciones de esa cultura universal de la que somos todos poseedores, como por ejemplo “la cultura de la pedofilia”, “la cultura de la marihuana”, “la cultura punqui”, “la cultura de la estética nazi” y cosas por el estilo. Ahora todos somos cultos de alguna manera, aunque no hayamos leído nunca un libro, ni visitado una exposición de pintura, escuchado un concierto, ni aprendido algunas nociones básicas de los conocimientos humanísticos, científicos y tecnológicos del mundo en que vivimos. Queríamos acabar con las élites, que nos repugnaban moralmente por el retintín privilegiado, despectivo y discriminatorio con que su solo nombre resonaba ante nuestros ideales igualitaristas y, a lo largo del tiempo, desde distintas trincheras, fuimos impugnando y deshaciendo a ese cuerpo exclusivo de pedantes que se creían superiores y se jactaban de monopolizar el saber, los valores morales, la elegancia espiritual y el buen gusto. Pero lo que hemos conseguido es una victoria pírrica, un remedio que resultó peor que la enfermedad: vivir en la confusión de un mundo en el que, paradójicamente, como ya no hay manera de saber qué cosa es cultura, todo lo es y ya nada lo es. Sin embargo, se me objetará, nunca en la historia ha habido un cúmulo tan grande de descubrimientos científicos, realizaciones tecnológicas, ni se han editado tantos libros, abierto tantos museos ni pagado precios tan vertiginosos por las obras de artistas antiguos y modernos. ¿Cómo se puede hablar de un mundo sin cultura en una época en que las naves espaciales construidas por el hombre han llegado a las estrellas y el porcentaje de analfabetos es el más bajo de todo el acontecer humano? Sí, todo ese progreso es cierto, pero no es obra de mujeres y hombres cultos sino de especialistas. Y entre la cultura y la especialización hay tanta distancia como entre el hombre de CroMagnon y los sibaritas neurasténicos de Marcel Proust. De otro lado, aunque haya hoy muchos más alfabetizados que en el pasado, este es un asunto cuantitativo y la cultura no tiene mucho que ver con la cantidad, sólo con la cualidad. Es decir, hablamos de cosas distintas. A la extraordinaria especialización a que han llegado las ciencias se debe, sin la menor duda, que hayamos conseguido reunir en el mundo de hoy un arsenal de armas de destrucción masiva con el que podríamos desaparecer varias veces el planeta en que vivimos y contaminar de muerte los espacios adyacentes. Se trata de una hazaña científica y tecnológica, sin lugar a dudas y, al mismo tiempo, una manifestación flagrante de barbarie, es decir, un hecho eminentemente anticultural si la cultura es, como creía T. S. Eliot, “todo aquello que hace de la vida algo digno de ser vivido”. La cultura es –o era, cuando existía- un denominador común, algo que mantenía viva la comunicación entre gentes muy diversas a las que el avance de los conocimientos obligaba a especializarse, es decir, a irse distanciando e incomunicando entre sí. Era, así mismo, una brújula, una guía que permitía a los seres humanos orientarse en la espesa maraña de los conocimientos sin perder la dirección y teniendo más o menos claro, en su incesante trayectoria, las prelaciones, lo que es importante de lo que no lo es, el camino principal y las desviaciones inútiles. Nadie puede saber todo de todo –ni antes ni ahora aquello fue posible-, pero al hombre culto la cultura le servía por lo menos para establecer jerarquías y preferencias en el campo del saber y de los valores estéticos. En la era de la especialización y el derrumbe de la cultura las jerarquías han desaparecido en una amorfa mezcolanza en la que, según el embrollo que iguala a las innumerables formas de vida bautizadas como culturas, todas las ciencias y las técnicas se justifican y equivalen, y no hay modo alguno de discernir con un mínimo de objetividad qué es bello en el arte y qué no lo es. Incluso hablar de este modo resulta ya obsoleto pues la noción misma de belleza está tan desacreditada como la clásica idea de cultura. El especialista ve y va lejos en su dominio particular pero no sabe lo que ocurre a sus costados y no se distrae en averiguar los estropicios que podría causar con sus logros en otros ámbitos de la existencia, ajenos al suyo. Ese ser unidimensional, como lo llamó Marcuse, puede ser, a la vez, un gran especialista y un inculto porque sus conocimientos, en vez de conectarlo con los demás, lo aíslan en una especialidad que es apenas una diminuta celda del vasto dominio del saber. La especialización, que existió desde los albores de la civilización, fue aumentando con el avance de los conocimientos, y lo que mantenía la comunicación social, esos denominadores comunes que son los pegamentos de la urdimbre social, eran las élites, las minorías cultas, que además de tender puentes e intercambios entre las diferentes provincias del saber –las ciencias, las letras, las artes y las técnicas- ejercían una influencia, religiosa o laica, pero siempre cargada de contenido moral, de modo que aquel progreso intelectual y artístico no se apartara demasiado de una cierta finalidad humana, es decir que, a la vez que garantizara mejores oportunidades y condiciones materiales de vida, significara un enriquecimiento moral para la sociedad, con la disminución de la violencia, de la injusticia, la explotación, el hambre, la enfermedad y la ignorancia. En su célebre ensayo, “Notas para la definición de la cultura”, T. S. Eliot sostuvo que no debe identificarse a ésta con el conocimiento –parecía estar hablando para nuestra época más que para la suya porque hace medio siglo el problema no tenía la gravedad que ahora- porque cultura es algo que antecede y sostiene al conocimiento, una actitud espiritual y una cierta sensibilidad que lo orienta y le imprime una funcionalidad precisa, algo así como un designio moral. Como creyente, Eliot encontraba en los valores de la religión cristiana aquel asidero del saber y la conducta humana que llamaba la cultura. Pero no creo que la fe religiosa sea el único sustento posible para que el conocimiento no se vuelva errático y autodestructivo como el que multiplica los polvorines atómicos o contamina de venenos el aire, el suelo y las aguas que nos permiten vivir. Una moral y una filosofía laicas cumplieron, desde los siglos dieciocho y diecinueve, esta función para un amplio sector del mundo occidental. Aunque, es cierto que, para un número tanto o más grande de los seres humanos, resulta evidente que la trascendencia es una necesidad o urgencia vital de la que no pueden desprenderse sin caer en la anomia o la desesperación. Jerarquías en el amplio espectro de los saberes que forman el conocimiento, una moral todo lo comprensiva que requiere la libertad y que permita expresarse a la gran diversidad de lo humano pero firme en su rechazo de todo lo que envilece y degrada la noción básica de humanidad y amenaza la supervivencia de la especie, una élite conformada no por la razón de nacimiento ni el poder económico o político sino por el esfuerzo, el talento y la obra realizada y con autoridad moral para establecer, no demanera rígida sino flexible y renovable, un orden de prelación e importancia de los valores tanto en el espacio propio de las artes como en las ciencias y técnicas: eso fue la cultura en las circunstancias y sociedades más cultas que ha conocido la historia y lo que debería volver a ser si no queremos progresar sin rumbo, a ciegas, como autómatas, hacia nuestra propia desintegración. Sólo de este modo la vida iría siendo cada día más vivible para el mayor número en pos del siempre inalcanzable anhelo de un mundo feliz. Sería equivocado atribuir en este proceso funciones idénticas a las ciencias y a las letras y a las artes. Precisamente por haber olvidado distinguirlas ha surgido la confusión que prevalece en nuestro tiempo en el campo de la cultura. Las ciencias progresan, como las técnicas, aniquilando lo viejo, anticuado y obsoleto, para ellas el pasado es un cementerio, un mundo de cosas muertas y superadas por los nuevos descubrimientos e invenciones. Las letras y las artes se renuevan pero no progresan, ellas no aniquilan su pasado, construyen sobre él, se alimentan de él y a la vez lo alimentan, de modo que a pesar de ser tan distintos y distantes un Velásquez está tan vivo como Picasso y Cervantes sigue siendo tan actual como Borges o Faulkner. Las ideas de especialización y progreso, inseparable de la ciencia, son írritas a las letras y a las artes, lo que no quiere decir, desde luego, que la literatura, la pintura y la música no cambien y evolucionen. Pero no se puede decir de ellas, como de la química y la alquimia, que aquella abole a ésta y la supera. La obra literaria y artística que alcanza cierto grado de excelencia no muere con el paso del tiempo: sigue viviendo y enriqueciendo a las nuevas generaciones y evolucionando con éstas. Por eso, las letras y las artes constituyeron hasta ahora el denominador común de la cultura, el espacio en el que era posible la comunicación entre seres humanos pese a la diferencia de lenguas, tradiciones, creencias y épocas, pues quienes se emocionan con Shakespeare, se ríen con Molière y se deslumbran con Rembrandt y Mozart se acercan a y dialogan con quienes en el tiempo que aquellos escribieron, pintaron o compusieron, los leyeron, oyeron y admiraron. Ese espacio común, que nunca se especializó, que ha estado siempre al alcance de todos, ha experimentado períodos de extrema complejidad, abstracción y hermetismo, lo que constreñía la comprensión de ciertas obras a una élite. Pero esas obras experimentales o de vanguardia, si de veras expresaban zonas inéditas de la realidad humana y creaban formas de belleza perdurable, terminaban siempre por educar a sus lectores, espectadores y oyentes integrándose de este modo al espacio común de la cultura. Ésta puede y debe ser, también, experimento, desde luego, a condición de que las nuevas técnicas y formas que introduzca la obra así concebida amplíen el horizonte de la experiencia de la vida, revelando sus secretos más ocultos, o exponiéndonos a valores estéticos inéditos que revolucionan nuestra sensibilidad y nos dan una visión más sutil y novedosa de ese abismo sin fondo que es la condición humana. La cultura puede ser experimento y reflexión, pensamiento y sueño, pasión y poesía y una revisión crítica constante y profunda de todas las certidumbres, convicciones, teorías y creencias. Pero ella no puede apartarse de la vida real, de la vida verdadera, de la vida vivida, que no es nunca la de los lugares comunes, la del artificio, el sofisma y la frivolidad, sin riesgo de desintegrarse. Puedo parecer pesimista, pero mi impresión es que, con una irresponsabilidad tan grande como nuestra irreprimible vocación por el juego y la diversión, hemos hecho de la cultura uno de esos vistosos pero frágiles castillos construidos sobre la arena que se deshacen al primer golpe de viento.

Granada, junio de 2009




LA CULTURA SÍ SE COME, Y BIEN
La visión virreinal y el canon como dictadura de nuestro quehacer creativo.


Por Eloy JÁUREGUI

Domingo, La República, 02/08/2009

Estas fiestas patrias he comido cuy con salsa golf, y justo leo que desde España hay un resoplar de nuestro Mario Vargas quien ha dicho en Granada que existe una "socavación" de la idea tradicional de cultura, ligada a una "corrección política" que, en su opinión, ha convencido a la sociedad de que "es arrogante, dogmático, colonialista y hasta racista hablar de culturas superiores e inferiores".
Perdón. MVLL está computando que hay seres "cultos" y los otros. Que ese asunto laminar pasa por un colador racista y anticuy. Ese aserto ya lo conocemos de antiguo. A Mariátegui, a Vallejo y a los poetas del 70 nos dieron con un palo con clavo oxidado. ¿Quién? La clase reaccionaria. En realidad Vargas Llosa sugiere que una élite debe acomodarnos. Con respeto, ladies and gentleman, creo que ni Riva Agüero del S. XX lo hubiese dicho mejor, y más. Varguitas dizque “los sociólogos han incorporado a la idea de cultura, corno parte integral de ella, a la incultura, disfrazada con el nombre de cultura popular".
No comprendo cómo hay peruanos que sigan con esa monserga dicotómica. Cultos e incultos. Una tabla de Sarhua es menos que una pintura de Llona y un retablo huamanguino tiene menos valor que un brochazo de Szyszlo. Hay dos libros. "Chicha powers" de Jaime Bailón y Alberto Nicoli y "Bueno, bonito y barato" de Rolando Arellano. Hablan de nuestros imaginarios a partir de conceptos fractuales y de esquirlas culturales. Aquel tejido ensambla a las vanguardistas y obliga a otra lectura de aquello que en nuestro Perú se llama cultura.
No soy injusto con MVLL pero lo cito: "Una cosa es creer que todas las culturas merecen consideración y otra muy distinta creer que todas ellas, por el mero hecho de existir, se equivalen" (…) "El resultado de esta situación es que no hay modo alguno de discernir con un mínimo de objetividad qué es bello en el arte y qué no lo es". Y remata con una de pecho: "abogo por una élite formada por el esfuerzo y el talento con autoridad moral para establecer, de manera flexible, un orden de prelación e importancia de valores en las artes y en las ciencias".
¿Una élite? Oiga, Mario, usted está bien cojudo. Ahora que estoy en el twitter, que pertenezco al periodismo 3.0 y que alimento las redes sociales tecnológicas, me prohíbe que sea chicha. Soy chicha por interdisciplinario. Por culturalmente cholo. Por haber entendido que, en mi Perú, Gamaliel Churata, Carlos Oquendo de Arnat, Chacalón y Flor Pucarina tejen un soporte a soplete que consolida una Cultura Popular. Sí, con mayúsculas. Que puedo cantar una muliza con Jaime Guardia corno un yaraví con Raúl García Zárate. Igual, soy culto. Porque puedo, inspiran mi karma en la Molly Bloom de Joyce corno ser sediento en aras de parecerme al cónsul Geoffrey Firmin de Lowry.
Entonces, Varguitas, no nos mire corno un patán con plata. Entienda que el 28 de Julio los peruanos evitaron al Zambo Cavero para bailar con el Grupo 5 en el parque Circuito Mágico del Agua. No me trompeo con usted. Pero hay veces en que uno tiene que ensuciarse los zapatos y tener un enfoque del nuevo catastro de seducción y sensualidad que hierve en el espíritu del nacional integrado. Eso.

domingo 24 de enero de 2010

¿QUÈ ES CULTURA? (II)



¿Qué implica cuando hablamos de cultura?
Me parece un ejercicio útil reconocer las creencias de la gente de la calle –o sentidos comunes- sobre lo que significa cultura. Para esto les pedí a mis alumnos que realizaran una encuesta entre amigos y parientes sobre que entendían ellos por cultura, les pedí que averiguaran que es lo que se le ocurre a sus encuestados cuando escuchan esta palabra, con qué la asocian. Un resultado fue el siguiente listado

“Es el nivel educativo de cada persona” (Mujer, 35 años)

“Es algo bonito que lamentablemente el Perú no lo sabe aprovechar” (Mujer, 20 años)

“Cultura, si te refieres a un pueblo, pueden ser sus costumbres, modas, enseñanzas etc., eso abarca la cultura de ese pueblo” (Joven, 19 años)

Cultura como alguien educado… su extremo opuesto sería algo así como la “cultura combi”, la trasgresión de las normas como un estilo de vida. Algo bonito… ¿dijeron Machu Picchu? Eso que se debe mirar con los ojos abiertos de admiración, yo lo asocio con esa expresión utilizada por un ex dueño de un canal de televisión: “lo culturoso”, la cultura de figurita de álbum o la cultura como un servicio cultural obligatorio. Cultura como las tradiciones y costumbres de un pueblo hace referencia a la dimensión colectiva de la cultura.

Bueno pues, estos sentidos comunes casi traducen de manera lineal lo que ha sido la evolución de la noción de cultura en el tiempo. De cultivo del espíritu, asociado en algún momento a los que tenían tiempo libre para ser cultos; luego abarca una dimensión social y se relaciona con la cultura de un pueblo y sus productos materiales o patrimonio. Destaco dos ideas que me parece importante analizar: la idea de cultura como privilegio de una élite culta y la idea de cultura como los productos trascendentes de un pueblo. ¿Algún problema con estos sentidos comunes? ¿No es acaso algo importante que una persona sea letrada=culta? ¿Sería algo equivocado valorar los productos que, como herencia cultural, son motivo de orgullo? Don Mario Vargas Llosa en su “Breve discurso sobre la cultura” expresa que: “Los sociólogos empeñados en hacer crítica literaria (han incorporado) a la idea de cultura como parte integral de ella, a la incultura, disfrazada con el nombre de cultura popular” (Granada, junio, 2009)…, la cultura popular ¿qué es? ¿la cultura de los nuevos bárbaros? …

"Distinciones jerárquicas basadas en estereotipos y simplificaciones permanecen desde las prácticas de museos, galerías, universidades, Estado, prensa”. Exposición Grandes Maestros del Arte Peruano, 2008.

Usualmente el rótulo "Grandes Maestros del Arte Peruano" no abarca a los artistas populares, ¡qué va!, ellos son inferiores y subalternos, y por supuesto, es natural que sean minimizados sino invisiblizados en el Museo de Arte.

Sucede que detrás de las categorías de valor culto/inculto esta la persistencia del racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia en nuestras sociedades.
Una noción de cultura que solo incluye al mundo de lo letrado y las bellas artes o al patrimonio como una noción historicista, manifiesta una visión reduccionista y excluyente. Oigan, y esto no es un tema meramente de disquisiciones académicas o teóricas; si la Comisión de la Verdad evidencio de una manera irrefutable que: “el 75% de los muertos fueron quechuahablantes”, es porque al diferente -desde el mundo letrado limeño- se lo categoriza como inferior, y, como consecuencia, se favorece su deshumanización: al bárbaro e inculto se lo puede exterminar sin remordimientos y en medio de la general indiferencia de los civilizados. Nada extraño si recordamos que: “desde sus inicios la República peruana se construyó sobre un conjunto de exclusiones, económicas, sociales y culturales” (Nelson Manrique). La visiòn reduccionista de la cultura no viene a ser más que una manifestación del prejuicio racial perpetuándose a lo largo del tiempo.

En un texto anterior preguntaba ¿cómo ponernos de acuerdo en cuál debe ser la acción del Estado en la cultura si no nos ponemos de acuerdo sobre qué entendemos por “cultura”?. Agregaría ¿cómo poder establecer políticas culturales democráticas sino compartimos una noción de cultura inclusiva de la diversidad?...

La UNESCO (2001) nos provee de la siguiente definición de cultura:

“La cultura debe ser considerada como el conjunto de los rasgos distintivos espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o a un grupo social.
Además de las artes y las letras, la cultura abarca:
Los modos de vida
Las maneras de vivir juntos
Los sistemas de valores
Las tradiciones y las creencias”.

Está bien clarito ¿no es así?, dice: “además de las artes y letras”… porsiacaso, esta noción de cultura está en un documento firmado por ¡131 países!

Guillermo Cortés nos recuerda en su artículo “Tan cerca y tan lejos, los vaivenes de las políticas culturales” (2006) que: “en la Conferencia Intergubernamental sobre las Políticas Culturales en África, en Accra, Ghana (1975), se avanzo considerablemente en la noción de cultura, al darle un sentido más allá de las bellas artes y el patrimonio”. Si pues, hay un camino recorrido en el cual los derechos culturales cobran actualmente la debida relevancia.

La noción citada, que nos habla de los cuatro rasgos distintivos, traduce el principio de “Igual dignidad y respeto de todas las culturas” (Convención sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales, 2005).

¡Oiga Don Mario Vargas Llosa! (y todos los que piensan como Ud.), ¿tan difícil es descentrarse y ser flexible? (supuestamente característica de una persona creativa). ¿Se da(n) cuenta? ¡¡¡D I F E R E N T E S P E R O I G U A L E S!!!

La noción de cultura de la UNESCO refleja el relativismo cultural, esto significa que: la comprensión de las expresiones artísticas y culturales implica situarlas dentro de su sistema cultural. Este tema tendrá su propio desarrollo en una siguiente entrega.

En otra siguiente entrega, tambièn, propondré un cuadrito para ejemplificar la noción de cultura de la UNESCO, a ver si con figuritas me dejo entender y, por supuesto, me interesa evidenciar el sesgo etnocentrista –cuasi eugenésico y etnocida- de las visiones reduccionistas de cultura.

Herbert Rodrìguez

¿QUÈ ES CULTURA? (I)



DETALLES DE MURALES PINTADOS FRENTE A LA ESCUELA DE BELLAS ARTES (LIMA)



Una de las cosas que me irrita mucho es la poca atención que se le da a la ausencia de una definición de cultura que nos permita entendernos… Patricia Uribe -ex representante de la Unesco en el Perú- dijo en una entrevista: “Una noción de cultura, compartida por la comunidad peruana, que le permita producir e interpretar acontecimientos y hechos de la misma manera, está aún por definirse”.

Algunos relacionan cultura con las bellas artes, desde una perspectiva academicista; otros, manteniendo un espíritu sesentero, relacionan cultura con el modernismo, es decir, el abstraccionismo que, en plena era digital, aun sigue vigente en algún imaginario y sus representantes supuestamente debieran ser el orgullo nacional; entre la visión academicista de las bellas artes y el modernismo del abstraccionismo ¿algún tipo de diálogo? Por otro lado en la euforia que acompaña la conciencia de la potencialidad económica del turismo habrá quienes estarán totalmente convencidos que cultura es el patrimonio histórico y monumental, pero así, el pasado del país donde los pueblos originarios eran dignos representantes del territorio. ¿Cuál es el problema de la relación cultura=monumentos?, bueno, si la visión historicista no invisibilizara a la nueva lima no habría problema… Y, para finalizar este listado apenas esquemático, otros tendrán la convicción de que cultura es la cultura viva, y ahí también ¡vamos a ponernos de acuerdo sobre qué es cultura viva! ¿Solo lo relacionado con el arte popular de raíz étnica o también son cultura viva las tribus urbanas y la diversidad sexual…?

Estas diversas visiones sobre lo que es cultura se presentan antagónicas y, en su polarización, irreconciliables. Lo nuevo contra lo caduco o la belleza clásica versus la expresividad; lo legitimado como valioso por el devenir del tiempo y ejemplo de civilización versus lo cotidiano y anecdótico (como si las 24 horas del día uno las pasara en trance de comunicación con lo trascendente y no hubiera espacio para el dato humano de una charla trivial, por ejemplo)…

¿Cómo ponernos de acuerdo en cuál debe ser la acción del Estado en la cultura si no nos ponemos de acuerdo sobre que entendemos por “cultura”?...

En el próximo capítulo la respuesta.

Herbert Rodrìguez